14/5/09

15 de mayo día internacional de la familia

Recibí hoy en una lista de correos de bibliotecarios lo siguiente desde una Biblioteca Depositaria de las Naciones Unidas, de Mar del Plata, Buenos Aires:

"En 1993, la Asamblea General decidió que el 15 de mayo de cada año se celebrase el Día Internacional de la Familia (resolución 47/237, de 20 de septiembre). En 1989, en su resolución 44/82, la Asamblea proclamó el año 1994 Año Internacional de la Familia, con miras a crear una mayor conciencia de las cuestiones relacionadas con la familia y mejorar la capacidad institucional de las naciones para hacer frente, mediante la aplicación de políticas amplias, a los problemas relacionados con la familia.

El Día Internacional de las Familias brinda la oportunidad de fomentar la toma de conciencia sobre cuestiones que afectan a la familia como unidad básica de la sociedad, así como de promover la adopción de medidas adecuadas. El Día puede llegar a ser un poderoso factor de movilización en favor de la familia en todos los países que aprovechen esa ocasión para demostrar su apoyo a las cuestiones que la atañen de la manera más idónea para cada sociedad."


Es una iniciativa muy importante que todavía se piense en la familia cuando hay legislaturas en el mundo que sancionan leyes a favor del aborto y de la eutanasia, cuando proliferan los que luchan para "legalizar" la droga en nuestros países. Es una celebración que no debiera pasar desapercibida para la gente común.

Para los cristianos, para nuestras Iglesias el Día de la Familia es todos los días. Vemos a diario la necesidad de Cristo en los matrimonios, en los hogares, en los hijos, en los padres y los abuelos. Predicamos a Cristo, un Cristo vivo y no religioso, un Cristo que puede reírse y llorar, jugar al fútbol, abrazar a un niño, sanar a los enfermos, levantar muertos, multiplicar los alimentos, enojarse con el pecado, vencer al infierno y a satanás y a todos sus siervos.

La Iglesia Cristiana "Evangélica" damos de comer, contenemos espiritualmente, abrigamos, abrazamos, aconsejamos, educamos y en todas esas acciones y muchas más está el cuidado y valoración suprema hacia la familia y la prevención de los males que aquejan a nuestra sociedad.

Somos testigos que aquellas familias que dejan entrar en su seno a Cristo, éste "vuelve el corazón de los padres a los hijos y el corazón de los hijos a los padres". Sufrimos por la desintegración familiar, la ausencia de valores, el atropello de los límites éticos y morales de lo cual Marcelo Tinelli su troupe y todos los que le dan rating son una muestra de cómo está una sociedad que rechaza a Jesucristo y se dice sin embargo, cristiana.

Un país que aloja un juez que conduce borracho por las calles y arrastra al policía que le hace la multa, que ve con horror (¿con horror?) este hombre que abusó de su hija por muchos años engendrándole 7 hijos según informa la prensa. Donde además se subvierte a menudo el ejercicio de profesiones que son para ayudar a la gente. Una Argentina donde los políticos dejan sus "convicciones" colgadas en el ropero de las promesas vacías para desenvolverse en un sistema corrupto, prebendario, demagógico, injusto y "podrido de los pies a la cabeza", prometiendo el oro y el moro se suben a los cargos como peldaño que abandonan cuando la ocasión se presente, para inventar nuevos términos y nuevas formas de engaño público solamente para subir más alto defraudando a quienes siguen ilusionándose con las promesas de hombres como Scioli y Kirchner por citar sólo unos ejemplos.

Nos dolemos en Esquel frente a las denuncias de atropellos por parte de las fuerzas policiales que parecieran -siempre y cuando las denuncias sean veraces- sentirse impunes para combatir el delito delinquiendo, porque aquel que con uniforme o supuestamente amparado por las sombras del poder, es capaz de torturar, golpear, amenazar y maltratar a niños y jóvenes es un delincuente.

Bien haremos hoy no sólo en reflexionar sobre el valor de la familia, sino arrepentirnos de cómo venimos viviendo, volvernos a Cristo de todo corazón "para que vengan tiempos de refrigerio", donde Dios pueda sanar los corazones heridos, restaurar las relaciones rotas y así podamos comenzar a ver cambios positivos en el seno de los hogares, cambios que luego se trasladarán a la calle, a las instituciones, a la política, a toda la vida de un país que si no cambia de rumbo va directo al desastre.

Esteban Blanco

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