14/11/10

Poder divino para destruir fortalezas satánicas

Prédica basada en 2º Corintios 10:3-5:

"Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,"

Somos personas de carne y hueso que vivimos en medio de las realidades del mundo actual, sin embargo, no militamos según la carne, no libramos las batallas según el criterio del mundo. El mundo pasa, y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. (1º Juan 2.17).

Vivimos en el mundo pero no somos del mundo. Dios te sacó de Egipto, de la esclavitud al pecado, a la idolatría. Ahora tenés una herencia que no se mancha ni se marchita, que está reservada en los cielos para cada uno de los hijos de Dios. Frente a esta rica herencia, lo que el mundo te puede ofrecer es de una pobreza y miseria espiritual tal, que lleva a la muerte, y no se puede comparar con la Gloria que Dios tiene para los suyos.

El mundo intentará seducirte para hacerte regresar a Egipto. La mujer de Lot volvió su mirada a Sodoma y quedó hecha polvo, fue alcanzada por el fuego del juicio de Dios.

Si depositas de verdad tus sentimientos en Dios, los deseos de la carne no serán un problema en tu vida, y podrás vencer todas las tentaciones.

Las armas con las que luchamos no son del mundo sino que tienen el poder divino para destruir fortalezas. No luchamos contra hombres ni mujeres, libramos una lucha espiritual, contra los ejércitos de maldad.

Una de estas armas es la espada más cortante que si fuera de doble filo: la Palabra de Dios. (Hebreos 4.12). Otra es la oración. La oración abre las cárceles, la oración sana al enfermo, la oración cambia gobiernos, la oración trae avivamiento, la oración es poder de Dios, es guerra, clamor, unción y es acción.

Somos soldados de Jesucristo. Militamos la buena milicia, firmes en la fe, una fe fundada no en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios.

La Palabra de Dios es una fuerza poderosa y dinámica a través de la cual Dios realiza su propósito. Para arrancar, arruinar o destruir, derribar, edificar y plantar. (Jeremías 1.10). Dios dice acerca de su Palabra, de la que sale de su boca, "no volverá a mí vacía, hará lo que yo quiero y será prosperada en aquello para que la envié." (Isaías 55.11). ¡Dios apresura su Palabra para ponerla por obra!

Con la Palabra de Dios, viva y eficaz, derribamos, volteamos el orgullo, la soberbia humana y a la vez de origen diabólico, que son muros terribles que se oponen al conocimiento de Cristo. El orgullo levanta en la mente de la persona barreras de concreto que resisten al Espíritu Santo, que se oponen a la voluntad de Dios.

El mundo, la cultura del mundo, la sabiduría carnal, animal, diabólica se oponen al conocimiento de Cristo. Se libra una batalla en la mente con la Palabra, contra las ideas y actitudes arrogantes, contra la altivez. Dios destruye la sabiduría de los sabios y desecha el entendimiento de los entendidos. Por eso, nadie se considere sabio en su propia opinión.

Hay un antagonismo entre la sabiduría de este mundo y la sabiduría de Dios. Dios obra más sabiamente y de manera mucho más poderosa por vías directamente opuestas a las expectativas humanas: un niño naciendo en un establo, en un corral..., el hijo de Dios colgando en una cruz..., el Dios hecho hombre..., un Rey, pero no de este mundo, Rey Eterno, Admirable es su nombre, Señor de señores y Rey de reyes.

El mundo no puede conocer a Dios a través de su propia sabiduría (1º Corintios 1), por eso agradó a Dios salvarnos por la locura de la predicación. Mientras unos pedían señales, otros buscaban sabiduría, filosofando todo el día entre las columnas de mármol de los palacios griegos, (algunos de ellos pederastas, que si hoy vivieran entre nosotros estarían en la cárcel), "pero nosotros", dice Pablo, predicamos a Cristo, y a Cristo crucificado, para los judíos un tropiezo, para las razas del mundo una locura, pero para los llamados sean del pueblo que fueren, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios.

Por eso no nos avergonzamos del evangelio porque es PODER de Dios PARA SALVACIÓN para todo el que cree. (Romanos 1.16).

Por eso, es necesario y fundamental oír la Palabra de Dios, y oír con fe; obedecerla, anunciarla, predicarla llevando cautivos, sujetos, todos tus pensamiento A LA OBEDIENCIA A CRISTO. Debemos escuchar atentamente, oír con sumisión, asentimiento y acuerdo. Tenés que enfrentar cualquier pensamiento carnal que asalte tu mente, con resolución, con decisión, con la Palabra de Dios.

Consejo práctico: memoriza la Escritura y medita en ella como si fuera un acto de disciplina militar. Toma prisionero -en tu mente- cualquier pensamiento hostil, contrario a Dios y deséchalo para siempre. No permitas que el enemigo controle tu mente, deja que el Espíritu Santo la controle, aliméntala con la Palabra de Dios.

EB

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