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6/8/09

El ciego Bartimeo recibe la vista

Basado en el evangelio de Marcos capítulo 10, versículos 46 al 52:

Era hijo de Timeo, un ciego conocido por todos en Jericó y sus alrededores. Vivía junto al camino, mendigando, dependiendo de lo que le daban los demás, porque por su condición él no podía contarse entre la población laboral, sino más bien entre los NBI. No tenía empleo, ni tarjeta social, ni servicios de salud. Su condición era de lo más miserable: ciego y mendigo, y ésa era su actividad más conocida (o la única): mendigar.

Un día Bartimeo se levanta al clarear la mañana y siente que su vida de repente puede cambiar. Ha escuchado algunas voces junto al camino que hablan de leprosos sanados, de mudos que hablan, de muertos resucitados, ha escuchado rumores acerca de un tal Jesús nazareno y se pregunta qué pasaría si al Maestro se le ocurriera transitar por allí.

Bartimeo se imagina a Jesús, y que quizás -con un poco de suerte- él pueda sanarlo en medio de la multitud.

Bartimeo estaba sentado junto al camino, como todos los días y empieza a escuchar muchas voces a lo lejos, ruidos de gente que viene avanzando, cada vez se sienten más cerca... Alguien grita "¡Viene Jesús! ¡Viene Jesús!" El ciego afina los oídos, porque no se puede decir "aguzó la vista" ya que no tiene y con lo que tiene se esfuerza para lograr alcanzar lo que aún no tiene, en el preciso momento en que Jesús pase por allí, él levantará su clamor y le hará oir su necesidad.

Bartimeo oye que Jesús ya está muy cerca, con sus discípulos y toda la gente que le seguía y empieza a gritar: "Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí! ¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí!" Algunos comenzaban a decirle "Cállate Bartimeo, que Jesús no tiene tiempo para ti, él va muy apurado a Jerusalén"; "Porqué no te callas" le dijo otro como aquel rey peninsular ante un gobernante latinoamericano populista. Eran muchos los que querían hacer callar a Bartimeo, ninguno le ofrecía una solución a su problema, pero querían que guarde "la compostura", y eran de aquellos que enfatizan que todo debe hacerse decentemente y en orden, te dicen, mientras se ajustan el nudo de la corbata y cuidan que ninguno de los cabellos se mueva del lugar donde lo han fijado con gel...

Nos pasa cuando queremos empezar una etapa de clamor a Dios. Satanás y sus secuaces, y los pensamientos de nuestra mente, y las circunstancias, y los ruidos, y las demandas y tantas cosas, quieren hacer callar nuestro clamor pero ninguna de estas cosas puede satisfacer nuestra necesidad. Pero Bartimeo clamaba aún más fuerte: "¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí!". Entonces Jesús a pesar de todas las voces y ruidos que lo rodeaban, escucha a Bartimeo y detiene su marcha. Cómo me gusta esto. Dios puede escuchar tu clamor mientras millones en la tierra claman y oran a él, otra que la banda ancha más ancha del mundo y súper veloz. El puede escuchar tu clamor en medio de las alabanzas de millones que está recibiendo en el cielo. ¡Gloria a Dios!

Entonces Jesús manda a llamar a Bartimeo. Me imagino a Pedro y a Juan corriendo unos metros para ayudarle a acercarse al Maestro, no había tiempo que perder. Le dicen algo así como: "No tengas miedo, no te vamos a hacer nada, te vamos a ayudar, acércate con confianza, el Maestro te llama..." Qué buena inversión de papeles el que llamaba es llamado y el que deseaba que vengan hacia él, debe ir hacia el otro, pero ese otro no es nada más ni nada menos que Jesús, el Hijo de Dios. Será por eso que algunos cristianos rehúyen clamar a Dios, ¿tendrán miedo que Dios los llame?

El ciego arroja su capa y de un salto avanza unos metros y con otro empujón de los discípulos, especialmente de Pedro imagino yo, expectante por lo que iba a suceder, ayudando a Bartimeo en su encuentro con Jesús. Bartimeo saca todo impedimento, todo obstáculo que quiera impedir su encuentro con el Maestro, arroja su capa, se despoja de su capa, de su miseria, de algo que lo identificaba, que lo etiquetaba, que lo catalogaba como ciego y mendigo junto al camino y posiblemente junto a otros harapientos como él.

¿Será que Bartimeo conocía aquella escritura?: "...despojémonos de todo peso, y del pecado que nos asedia y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe..." (Hebreos 12:1-2)

No, Bartimeo no la conocía porque no había sido escrita aún la carta a los hebreos, en caso de haber existido esta epístola no la podía leer porque no veía, era ciego, pero su corazón estaba empapado en santa expectativa, en fe y por eso nos muestra que cuando Jesús nos llama debemos despojarnos de todo peso, miseria, desconfianza, de todo tipo de pecado que si El nos llama, algo va a pasar que va a cambiar la historia de una vida, de una familia, de una nación entera!

Cuántos hoy en día se pierden de recibir algo de Dios por dejar que un montón de otras cosas se interpongan entre ellos y su Presencia, por dejar que preocupaciones, afanes de esta vida terrenal, cosas del mundo, merezcan más atención que el llamado de Dios. Y con esa confianza que nosotros debemos acercarnos al Trono de Dios para encontrar gracia y oportuno socorro, sin temor alguno, así Bartimeo se encontró frente a Jesús.

Jesús necesita que Bartimeo declare su necesidad, parece algo ilógica su pregunta: "Qué quieres que te haga?" Algunos años antes le hizo la misma pregunta a un rey inexperto cuyo reinado le quedaba grande, y éste no dudó en pedir sabiduría. Así que Dios le dio sabiduría y además riquezas, honra, gloria, poder y dominio. Es que Dios es capaz de darnos mucho más abundantemente de lo que nosotros pedimos o entendemos.

Maestro, qué me estás preguntando, ¿no ves que soy ciego? Necesito recobrar la vista. Quiero ver, necesito sanidad. Cuando te acercas a Jesús es necesario que le digas lo que necesitas, que le declares tu petición. Necio sería aferrarse a aquello que dice que aún antes que se lo digamos El ya sabe todo lo que necesitamos, es verdad, esto es justamente para que tengamos fe. Pero no es para que dejemos de decírselo. A El le gusta escucharnos.

"Maestro, que recobre la vista".

Jesús le dijo: "Vete, tu fe te ha salvado".

Y al instante Bartimeo fue sanado y pudo ver y entonces ya no se quedó más junto al camino, sino que comenzó a seguir a Jesús por el camino.

Es el momento de clamar a Dios, de exponerle tu necesidad no importa lo grande o pesada que sea tu carga. Despojarte de todo peso para correr a El es necesario ahora. Dios no te dejará sin respuesta, no hagas caso a los que quieren hacerte callar, clama más fuerte aún que la respuesta milagrosa de Dios no se hará esperar y ya no seguirás tirado junto al camino dependiendo de lo que otros te den, de lo que tu pastor te predique, de lo que tus padres te enseñen, de lo que puedas mendigar, sino de lo que recibirás directamente de las manos y del corazón del Maestro.

Entonces nada será igual

Entonces tu vida cambiará.

Ahora podrás ver lo que Dios tiene para tu vida.

Y sin tropezar podrás caminar con El.





(NBI: Necesidades Básicas Insatisfechas).
EB

2 comentarios:

Anónimo dijo...

DIOS BENDIGA A CADA UNO DE USTEDES DIOS ME TOCO Y LLENO MI VIDA DE SU DULCE AMOR ESTOY ENAMORADA DE JESUS DIOS ES BUENOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Anónimo dijo...

Grasias x est estudio esta muy bonito m iso darm cuenta k estaba komo sl ciego bartimeo pero ahora e rrecobrado la bista dios los siga bendisiendo