30/8/10

Nuevas personas, nueva creación, no más cosas viejas

2a Corintios 5: 14-6:1-2

El amor de Dios nos constriñe, nos apreta, nos apretuja, nos obliga a amarle, de alguna manera, no deja lugar para otras alternativas excepto dedicarnos por entero a El. Cristo murió por todos, todos hemos muerto en El y también hemos resucitado en El y esto ha sido hecho para que al vivir no vivamos para nosotros sino para El.

Si alguno está en Cristo, es una nueva persona, una nueva criatura, una nueva creación donde lo viejo ya pasó, no está más, y todo (¡TODO!) ha sido hecho de nuevo. No se debe creer a las mentiras del diablo, ni a los conceptos del mundo, ni a las opiniones de aquellos que te conocieron en el pasado y se quedaron con una imagen fija de tu vida, algún acontecimiento, algunas palabras que callaste o que dijiste, te etiquetaron, te catalogaron y no te sacaron más de ahí. No. El que está en Cristo es una nueva persona.

Se trata de creerle a Dios y de vivir conforme al poder que se desata en su Palabra para nuestras vidas. Nuevas personas, nuevas experiencias de vida, nuevas emociones, nuevas decisiones, nueva visión, nuevos propósitos.

Porque todo esto viene de Dios y no de nosotros mismos ni de nuestros diplomas o conocimiento, sólo por su Gracia, infinita y poderosa Gracia. Viene de Dios. ¡Recíbelo ahora mismo!

Si antes éramos enemigos, además éramos viejos, vieja naturaleza, viejo hombre, cosas viejas, trapos de inmundicia…, ahora somos amigos de Dios, hemos sido reconciliados con Dios a través de Cristo, en Cristo y por Cristo.

Quienes éramos enemigos ahora somos amigos, además se nos encargó el ministerio de la reconciliación, que trabajemos para reconciliar a los hombres con Dios, que seamos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios mismo rogase por medio de nosotros, debemos aún rogarles si es necesario, a los hombres y mujeres de este mundo que se reconcilien con Dios, que hagan las paces con Dios.

Qué paradójico también que trabajar en este ministerio no quiere decir que todos serán nuestros amigos o que seamos recibidos y aceptados por todos. En lo que de nosotros dependa debemos estar en paz con los hombres, pero si la paz con ellos se debe pagar con claudicar la Verdad, seguiremos peleados y a la vez oraremos por nuestros enemigos sabiendo que no luchamos contra carne ni sangre ni con armas humanas.

No se debe recibir en vano la gracia de Dios. Fuimos a predicarles, nos oyeron y como aquel funcionario dijo: “Ya te escucharé en otra oportunidad…” Fueron sus últimas palabras, podría ser el epitafio de su tumba…, es que algunos juegan con fuego, juegan con la vida, juegan con Dios o creen que ellos van a ordenar los tiempos de Dios y se van de este mundo sin fe, sin esperanza y sin Cristo… tan sólo por orgullo, al haber rechazado la Gracia Divina que se ofrecía amorosamente y sin precio de la parte humana, para darle eterna Salvación.

He observado los avisos fúnebres este mes en Esquel en el diario local. La mayoría de los fallecidos han sido personas ancianas. Calculo que alrededor de 25 personas se han ido de este mundo este mes, o más. Me he preguntado si ellos conocieron a Cristo antes de partir, ya que algunos de ellos tienen familiares cristianos…

Hoy es el tiempo aceptable, el tiempo de decirle sí a Dios, hoy es el día de salvación, mañana puede que nunca llegue…

Si oyes HOY su voz, no endurezcas tu corazón. Te ruego por el amor de Dios que no dejes pasar este día sin reconciliarte con Dios.

El te ama. Tu pecado te impide conocerlo y vivir siendo una nueva persona. Cristo al morir en la cruz pagó tus deudas con Dios, para reconciliarte con El primero reconócete pecador, arrepiéntete de tus pecados de verdad, y recibe a Jesús como tu Salvador y como tu Dueño y Señor.

Si no sabes cómo decirle, cómo confesar esto, la siguiente oración puede ayudarte a hacer las paces con Dios:

“Dios reconozco que soy pecador. Me arrepiento de todos mis pecados y te pido que me perdones, que me hagas una persona nueva. Te recibo en mi corazón como mi Salvador y te acepto y te declaro mi Señor y Rey. Hazme una nueva persona. Te doy gracias. En el nombre de Jesús, Amén.”

EB

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