9/10/09

En un día puede desaparecer el pecado

Jonás 3:1-10

Jonás fue enviado a predicar a Nínive. Lo que el profeta pudo decir caminando por la ciudad, fue: "De aquí a cuarenta días, Nínive será destruída". Posiblemente era lo único que podía decir en el lenguaje o en el idioma de los ninivitas, un mensaje breve y contundente.

Por lo visto los oyentes sabían que provenía de Dios. El Libro de Jonás informa que los hombres creyeron a Dios y proclamaron ayuno, y se vistieron de saco de silicio "desde el mayor hasta el menor de ellos".

La conmoción fue tal que la noticia llegó hasta el rey de Nínive, que se despojó de sus ropas reales, salió de su silla y también se vistió de cilicio, sentándose sobre ceniza. Y mandó que ni los animales coman, todos de ayuno. Y que hombres y animales "clamen a Dios fuertemente, y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos."

Dijo el rey de Nínive: "¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos?" La Biblia narra que Dios vio que los ninivitas se arrepintieron y por lo tanto El también "se arrepintió" del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo, los perdonó.

En Zacarías 3:9, Dios dice "...y quitaré el pecado de la tierra en un día." El profeta Miqueas declara (en 7:19) "El volverá a tener misericordia de nosotros, sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados." En un día de Dios una gran ciudad, entera, se volvió a Dios y fue objeto de la Misericordia de Dios.

En un día, una familia entera puede venir a Dios (Hechos 10:44-48); en un día una nación entera puede volverse a Dios, un país entero, y por qué no, el mundo. Jehová se deleita en Misericordia, encuentra placer, deleite, en ejercer Misericordia.

Al carcelero, después del terremoto que tuvo lugar después de la Alabanza de Pablo y Silas, se le declaró: "Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa." (Hechos 16:31).

Toda la familia del carcelero llegó a Cristo en un día. (O en una noche, si se quiere).

Frente a este bendito panorama, seguimos predicando, bautizando, siendo testigos del obrar de Dios en los corazones que le dicen que sí. La predicación rinde frutos, las promesas de Dios se cumplen. La Gran Comisión sigue su marcha, Cristo va al frente y pronto vuelve.

EB

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