6/10/15

Las respuestas divinas para el corazón humano


Es común que tengamos preguntas sin respuestas frente a una tragedia, frente a la depresión o la enfermedad. A veces no entendemos nada, queremos que Dios nos diga algo pero parece que hay silencio. Cuando vamos a la poderosa Palabra de Dios, allí tenemos un Dios que frente a la nada y el desorden; creó. “Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo…” (Gén. 1.2). “ Y dijo Dios: sea la luz; y fue la luz.” (Gén. 1.3).

Había caos, desorden, había tinieblas, y la nada. Pero el Espíritu Santo estaba activo, moviéndose “sobre la faz de las aguas”, y Dios creando y poniendo luz, separándola de las tinieblas, trayendo orden en los días, meses y años, creando seres vivos, árboles, plantas, flores, animales, peces, hasta que formó del barro al hombre y luego a la mujer.

Creando al ser humano a imagen  y semejanza de Dios, creándolo con un propósito glorioso: para que lo adore, para que lo adore. “…según nos escogió en él desde antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinados para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado.” (Efesios 1.4-6).

De un peregrino Dios levantó y formó un pueblo para sí mismo. “Pero Jehová había dicho a Abram: vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré.” (Gén. 12.1-2).

“Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.” (Heb. 11.12).

La Biblia me habla del pueblo hebreo, de uno ya casi muerto salieron tantos que no se pueden contar. Intentaron exterminarlos en las cámaras de gas y no pudieron, quisieron sacarlos de su tierra con guerras y atentados pero no pudieron. Lo amenazan con desaparecerlo de la faz de la tierra pero no podrán.
Dios es el que hace, Dios es el que da, Dios es el que multiplica.

Frente a una gran multitud, de alrededor de 12 mil personas, hambrientas, que no tenían que comer, en medio del desierto, Jesús les dio de comer a partir de sólo “cinco panes y dos peces” (Mat. 14.17). “…y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas. Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.” (Mt. 14. 19-21).

El mar está frente a ti y a tu pueblo. Un mar inmenso, embravecido y no tienes cómo cruzarlo. Ni una tabla para agarrarte de ella y tirarte al agua para intentarlo, ni un bote salvavidas de plástico, y menos un chaleco salvavidas. Para colmo a tu retaguardia vienen tus enemigos fuertemente armados y no para hacerte masajes, sino para matarte. Y como si esto fuera poco, tu mujer, tus hijos y hasta las mascotas te recriminan y se quejan y te dicen que en Egipto había suficientes sepulcros como para que los hayas sacado al desierto para morir, y se quejan.

Y te pones a clamar y a ayunar, pero Dios te dice ahora no es momento de clamar, ahora es tiempo de marchar. Dile a tus hijos y  a tu familia que marchen, no se queden donde están, porque si se quedan ahí van a morir, el enemigo los va a hacer puré; ¡marchen! ¡caminen! ¡muévanse! Alza tu vara, extiende tu mano sobre el mar, ¡divídelo! Entren por en medio del mar, en seco.

Esto lo puedes leer en Éxodo capítulo 14. “Y los hijos de Israel fueron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas por muro a su derecha y a su izquierda.” (14.29).

Dios le había dicho una vez a Moisés desde aquella  zarza que ardía en fuego y no se consumía: “¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: una vara.” Aquella vara fue una culebra y con aquella vara Dios castigó a Egipto y con esa vara extendida frente al mar, el mar se abrió en dos. (Ex. 4.2).
¿No tienes respuestas a tus preguntas? ¡Dios tiene las respuestas! ¿No tienes salida para tu problema? ¡Dios tiene la salida!

El Dios que vos y yo tenemos es “Dios de dioses y Señor de los reyes” (Dan. 2.36) No hay otro dios fuera de El. “NO HAY DIOS SINO YO”, declara en Isaías 44.8. “…antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. Yo, yo Jehová y fuera de mí no hay quien salve. ” (Is. 43.10-11)

Estaba el paralítico esperando que un ángel, según se creía, mueva el agua del estanque en Betesda, hacía 38 años que estaba enfermo, estaba postrado y llegaba último cuando se movía el agua, el que llegaba primero era sano pero siempre le ganaban la partida.

¿No tienes respuestas a tus preguntas? ¡Dios tiene las respuestas! ¿No tienes salida para tu problema? ¡Dios tiene la salida!

Vino Jesús y habló con él y le preguntó si quería ser sano. “Jesús le dijo: levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho y anduvo.” ¡Gloria a Dios! Esta historia la puedes encontrar en el Evangelio de Juan en el capítulo 5.

Dos ciegos vinieron a Jesús pidiendo misericordia creyendo que él podía devolverles la vista. El les tocó los ojos y les dijo “Conforme a vuestra fe os sea hecho. Y los ojos de ellos fueron abiertos”.
Como si esto fuera poco vino un mudo endemoniado. “Y echado fuera el demonio, el mudo habló…” Todo esto gratis, lo podés encontrar en Mateo 9.

Pero hay una historia en Juan 11 que me llena de expectativa que me habla también el poder, del amor y de la victoria de Cristo en la cruz, sin la cual no fuera posible echar demonios, sanar enfermos, resucitar muertos, que los paralíticos caminen, los ciegos vean y los mudos hablen.

“…antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. Yo, yo Jehová y fuera de mí no hay quien salve. ” (Is. 43.10-11)

Estaba enfermo Lázaro, que junto con María y Marta eran amigos de Jesús. Lázaro se murió. Jesús fue a la aldea de Betania junto con sus discípulos y cuando él llegó ya hacía cuatro días que Lázaro había muerto. Y Jesús le dijo a Marta: “Tu hermano resucitará.” (v.23)


“YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA; EL QUE CREE EN MI, AUNQUE EWTE MUERTO, VIVIRÁ. Y TODO AQUEL QUE VIVE Y CREE EN MI, NO MORIRA ETERNAMENTE.” (25-26).
Jesús fue hasta el sepulcro que era una cueva y que su entrada estaba tapada con una gran piedra. Hizo quitar la piedra y levantó una oración al Padre. Después de esto, exclamó: “¡Lázaro, ven fuera!”

“YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA; EL QUE CREE EN MI, AUNQUE ESTE MUERTO, VIVIRÁ. Y TODO AQUEL QUE VIVE Y CREE EN MI, NO MORIRA ETERNAMENTE.” (25-26).

“Y EL QUE HABIA MUERTO SALIO, ATADAS LAS MANOS Y LOS PIES CON VENDAS, Y EL ROSTRO ENVUELTO EN UN SUDARIO. JESUS LES DIJO DESATENLO Y DEJENLO IR.” (V 44)
¡GLORIA A DIOS, GLORIA A DIOS!

Frente a la nada, Dios está parado frente a la nada. Frente a la oscuridad, Dios viene para decretar y poner luz. Frente a la escasez, Dios multiplica. Ante el mar de problemas y dificultades, El te hace extender tu mano para partir el mar en dos y pasar por tierra seca. De la esterilidad El es quien hace nacer un pueblo numeroso como las estrellas del cielo. El demonio que te quiere atar y enmudecer, sale, para Dios no es un problema. La parálisis, se va, El te hace levantar no tenés que pasar años y años postrado esperando un milagro que no llega, es ahora. La ceguera no es inconveniente para Dios, el da vista a los ciegos. La muerte, no importa si pasaron cuatro días, se va y viene la resurrección,  porque Jesús ES LA RESURRECCION Y LA VIDA.


 “YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA; EL QUE CREE EN MI, AUNQUE ESTE MUERTO, VIVIRÁ. Y TODO AQUEL QUE VIVE Y CREE EN MI, NO MORIRA ETERNAMENTE.” (25-26).



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