28/11/11

El olor de Cristo


  
2da. Corintios 2:12-17: “Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, aunque se me abrió puerta en el Señor, no tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a mi hermano Tito; así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia
Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?
Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo.” 

El apóstol Pablo en su segundo viaje misionero que da cuenta el libro de los Hechos, experimentando tanto luchas y adversidades de todo tipo como milagros maravillosos de Dios, el Espíritu Santo actuando y confirmando la predicación de la Palabra, llega con Timoteo y Lucas, al puerto de Troas, donde deseaba encontrarse con su discípulo Tito y el no encontrarlo provocó en él una fuerte inquietud, una ansiedad que no le daba reposo en su espíritu.

A pesar de la apertura para el Evangelio en esa ciudad, Pablo no había encontrado a su amigo y cuando vas a una ciudad y no encuentras a tu amigo, a la gente que amas, es como estar un poco desubicado, desconocido y sorprendido. Tal era para el apóstol la importancia de la amistad y hermandad en Cristo con Tito que el no encontrarlo no le dio reposo en su espíritu.

Sin embargo, como siempre, la actitud del apóstol Pablo es de levantar la cabeza y mirar hacia arriba donde está Cristo sentado a la derecha de Dios, porque él sabía que si seguía atendiendo las cosas de abajo se perdería la bendición.

Es por eso que arranca de su corazón una alabanza, un canto de gratitud a Dios “el cual, -dice- nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús”. ¿Estás en triunfo o en derrota? Si estás en Cristo, aún las derrotas más grandes o que parezcan más grandes serán motivo de alabanza, gloria y honra, si estás permaneciendo en Cristo, él no te va a llevar de derrota en derrota, sino de triunfo en triunfo, de gloria en gloria.

Declara la Palabra en Proverbios 4:18: Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto.”
Ese es el camino en el cual estamos caminando, es un camino cuya luz que lo ilumina va en aumento hasta que viviremos en el día perfecto, cuando estemos allí en “la ciudad que no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.” (Apo 21:23) “No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos” (Apo.22.5). ¡Gloria a Dios por esto!

El Señor Jesús se da a conocer en el mundo hoy por medio de su Iglesia. Dice la Palabra que manifiesta por medio de nosotros EN TODO LUGAR, “el olor de su conocimiento”. Es que somos embajadores de Cristo y se nos ha encargado el ministerio de la reconciliación, que se vuelva el hombre a Dios, que se reconcilie con Dios, (2ª. Cor. 5.20) quien por su gran amor con que nos amó, que nos ama de tal manera que “ha enviado a su único Hijo Jesucristo para que todo aquel que en él cree, no se pierda sino tenga vida eterna.” (Juan 3.16).


El olor de Cristo es el testimonio de hijos de Dios que damos cada día de nuestras vidas en todo lugar por donde vamos. El olor de Cristo es el Evangelio, nuestra predicación, el contarle a la gente lo que Cristo ha hecho en nuestras vidas y lo que Cristo ha hecho por ellos para que vivan en triunfo y no en derrota.

Habrá quienes reciban con agrado este olor y habrá quienes lo rechacen. Debemos estar preparados para las dos situaciones. Por eso la Palabra declara en el versículo 15: “Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida.”

Esta carta se escribió en el contexto del imperio romano. Después de las guerras, los triunfos se celebraban en Roma con un desfile victorioso del ejército vencedor donde iba su jefe al frente. Tanto los vencedores como los prisioneros, los cautivos, formaban parte de la procesión, y unos y otros podían disfrutar de la fragancia de las especies que ardían mientras el desfile se llevaba a cabo. El olor, sin embargo, significaba cosas diferentes para ambos grupos. De la misma manera, el grato olor de Cristo (el evangelio) es para aquellos que se pierden… olor de muerte para muerte, porque representa y los conduce al castigo final. En cambio los que se salvan encuentran en el conocimiento de Cristo el grato olor de vida para vida, ya que significa ahora vida que conduce a la vida eterna.

Para los hijos de Dios tener interés por el destino de otros es asunto serio,  por eso el apóstol se pregunta ¿quién es suficiente para esto, quién es capaz, quién es competente, quién es idóneo, digno, calificado?

Como hijos de Dios no podemos mirar con indiferencia el avance del pecado y la desgracia en las familias de este mundo. Debemos mirar con los ojos de Cristo, sentir con su corazón. Cuando el Señor Jesús miró las multitudes, tuvo compasión de ellas porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. (Mateo 9.36).

Algunos llevan la Palabra de Dios falsificándola, difundiéndola por motivos extraños al Reino de Dios, para ganar poder, dinero o prestigio. Nosotros como dice el apóstol Pablo, debemos ser aquellos “que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo”. (v.17) Y le decimos al inconverso: reconciliate con Dios, volvé tu corazón a Dios antes que sea tarde, arrepentite de tus pecados y volvete a Dios, dejá que El cambie tu vida, gobierne tu vida y de eso no tendrás que arrepentirte.

Somos el olor de Cristo en la escuela, en el empleo, en la calle, en el hogar, en la ciudad y por todo lugar donde vayamos. Para algunos olor de muerte para muerte, algunos nos rechazarán, pero otros reconocerán a Cristo en nuestras vidas. Para ellos olor de vida para vida. Y para Dios seremos grato perfume.

La pregunta es qué olor estamos exhalando. Porque se nota aunque nosotros no lo notemos. Vieron qué feo es pasar al lado de una persona que va toda transpirada, con un aroma que te voltea, te envuelve y te contamina, después lo sentís en todos lados porque te quedó impregnado dentro de tu nariz.


Pero qué agradable es cuando pasa al lado tuyo alguien bien perfumado, limpito, y te das vuelta para ver quién es porque su aroma te llama la atención, no te podés quedar indiferente y te agrada, te gusta. Así es con el aroma de la Presencia de Dios.

¿Qué aroma estamos difundiendo? ¿Qué perfume estamos llevando? ¿El aroma de Cristo o el aroma de una vida alejada de Dios?

Debemos saber que vivir en piedad, vivir como Dios manda no siempre agrada a los demás porque se convierte en  una advertencia del juicio que les espera a los pecadores. Debemos preguntarnos cómo podemos vivir en beneficio de los demás por amor a Dios y a ellos. Pero no estemos toda la vida preguntándonos sino actuemos ya.

Hermanos, debemos conducirnos de tal manera que tengamos una conciencia limpia para poder permanecer en paz y equilibrio ante las reacciones de la gente. Comprender que a veces la rectitud puede provocar también reacciones negativas.

Somos embajadores de Cristo. La gente ve a Cristo en nosotros, la gente ve a Cristo en la Iglesia, a través nuestro Dios está hablando al mundo, manifestando su gloria en la Iglesia, una gloria que para estos tiempos será mayor, esta gloria última será mayor que la primera; levantemos la cabeza, estemos firmes, anhelemos todo lo de Dios, llevemos su perfume, démosle gloria, vivamos en victoria.


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