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3/10/10

Obediencia es más importante que los sacrificios

Génesis 25.29-34 relata cuando Esaú, el primogénito de Isaac, vende los derechos de su primogenitura a su hermano Jacob, a cambio de un guiso. "De esta manera despreció sus derechos de hijo mayor", termina diciendo la Palalabra en el versículo 34.

Luego en el capítulo 27 de Génesis, en los versículos 30 al 40, tenemos el dramático relato cuando Isaac, en los últimos minutos de vida está dispuesto para bendecir a sus hijos, y Jacob, de acuerdo a lo negociado con Esaú, recibe la bendición de la primogenitura, en cambio Esaú, lamenta su decisión y procura encontrar un momento para el arrepentimiento, procurando con lágrimas esto, pero no lo logra.

En Hebreos 12.16 la Palabra es dura con Esaú y lo pone al nivel de un fornicario por vender su primogenitura a cambio de un plato de comida. Cuántas veces los hijos de Dios "negociamos" y entregamos a cambio de lo que el mundo o la carne nos ofrece, algo que le pertenece a Dios y luego los resultados son desastrosos. Alguno que en vez de ir al culto se va al recital del grupo de música de moda en la ciudad, otro que por recibir a parientes que vienen a visitarlo, prefiere atender a sus parientes en vez de congregarse y seguir atendiéndolos bien, o invitarlos a la Iglesia, algún otro que por estar con su noviecita o su noviecito de turno, dejan de congregarse y se pierden la bendición de Dios para sus vidas.

El profeta Isaías declara: "¿De qué me sirven sus muchos sacrificios? -dice el Señor- Harto estoy de holocaustos de carneros y de la grasa de animales engordados, la sangre de toros, corderos y cabras no me complace." (Isaías 1.11; es conveniente una lectura de todo el capítulo).

El profeta Miqueas dice: "¿Cómo podré acercarme al Señor y postrarme ante el Dios Altísimo? ¿Podré presentarme con holocaustos o con becerros de un año? ¿Se complace el Señor con miles de carneros, o con diez mil arroyos de aceite? ¿Ofreceré a mi primogénito por mi delito, el fruto de mis entrañas por mi pecado? ¡Ya se te ha declarado lo que es bueno! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor: Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios." En el caso de Isaías y aquí es el mismo Señor que habla a su pueblo. (Miqueas 6.6-8).

En el caso del profeta Oseas: "Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos", dice el Señor. (Oseas 6.6).

"Amar a Dios con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios." (Marcos 12.33).

En 1º Samuel capítulo 15, un capítulo triste, duro, dramático vemos al rey Saúl cuando desobedece las indicaciones del profeta Samuel. Saúl debía atacar a los amalecitas y no dejar nada vivo. A propósito, los amalecitas eran descendientes de Esaú, de quien vienen los edomitas, este pueblo, los amalecitas, en la peregrinación de Israel desde Egipto a la tierra prometida, les cerraron el paso.

Ahora Dios va a tomar venganza de esto y le ordena a Saúl que mate a todas las personas y a todos los animales, pero cuando el profeta de Dios viene a supervisar todo, se encuentra escuchando balidos de ovejas y mugidos de vacas. Así que pregunta a Saúl qué es todo aquello. El rey de Israel demuestra su debilidad de carácter, primero diciendo que obedeció a Dios, después reconociendo que desobedeció y luego echando la culpa a los soldados bajo su mando.

Es más, Saúl le había perdonado la vida a Amalec. Y es aquí cuando el profeta Samuel le dice a Saúl: "¿Qué le agrada más al Señor: que se le ofrezcan holocaustos y sacrificios, o que se obedezca lo que él dice? El obedecer vale más que el sacrificio, y el prestar atención, más que la grasa de carneros. La rebeldía es tan grave como la adivinación, y la arrogancia, como el pecado de la idolatría. Y como tú has rechazado la palabra del Señor, él te ha rechazado como rey". (v. 22-23).

Podremos hacer todas las ofrendas más generosas, entregar completos nuestros diezmos, congregarnos todas las veces que la Iglesia nos convoca, ayunar, orar mucho, pero a Dios le interesa nuestro corazón. Un corazón rendido, humillado, entregado por completo al Señor.

Muchas iglesias empiezan muy lindo pero lamentablemente un día se manifiesta la rebeldía, la desobediencia, comienzan las murmuraciones, los chismes, la queja contra la Palabra o la autoridad representada en el Pastor o en los líderes de la Iglesia. Y así la obra de Dios se destruye, vidas se destruyen y se frustran hermosos planes de Dios para su Iglesia, si de alguna manera se frustran...

Y la rebeldía, la desobediencia es aquí tan grave o mala como la adivinación, que Dios directamente condena y por eso destruyó a los cananitas, pues esta era una de las prácticas que ellos llevaban a cabo. La obstinación, el orgullo, la arrogancia, el querer hacer las cosas "a mi manera", es tan grave como la idolatría. Y de verdad Dios no acepta que otros ocupen su lugar en el trono de nuestras vidas.

Los hijos deben obedecer a sus padres sin cuestionar, los padres y todos debemos obedecer a Dios porque esto es el todo del hombre, fuera de la obediencia hay desolación y nos vamos de la voluntad de Dios, de los planes de Dios.

Así les pasó a Esaú y a Saúl.

"Señor forma en mí un corazón obediente. Perdona mis rebeliones, lava mis pecados. Mira, escudriña mi corazón y encuentra en mí un corazón humillado, reverente, respetuoso ante ti. Perdona en mí toda arrogancia, toda rebeldía contra tu Palabra, dejo la incredulidad, abandono los cuestionamientos, las dudas. Confío en tu Palabra. Obedezco tu Palabra. Mi vida es tuya. Sólo tú eres digno de adoración, de honra, de gloria y de honor."

(Se ha utilizado la NVI)

EB