La incredulidad: una en la lista de nuestros enemigos
La incredulidad es un pecado que nos priva de las bendiciones que Dios tiene para nosotros y que hiere su corazón. Es desconfiar de Dios: desconfiar de su voluntad porque no creemos que sea agradable y perfecta. Desconfiar de su protección y provisión. Desconfiar de su disciplina, no la creemos útil, queremos evadirla. Esto comprende en definitiva, desconfiar del Amor de Dios para nosotros, en cambio cuando creemos en su Amor, se disipan las dudas y los temores. (1a Juan 4: 16-19). El diablo, que es padre de mentira, (Juan 8.44) se ocupa de sembrar la incredulidad en los corazones para que crean a la mentira y no a la verdad de Dios, que es Cristo. A la persona aún no redimida, la incredulidad no le permite alcanzar la salvación. Al cristiano lo priva de las bendiciones de Dios y por permanecer en este pecado, va minando su relación con Dios. Lo contrario a esto es la Fe. Dice Hebreos 11.1: "Es pues la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve..." L...